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¿Qué hay de nuevo en Uber?



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Resulta curioso observar como una pequeña startup tecnológica como Uber es de repente conocida en medio mundo. Los publicistas pagarían fortunas por eso y sin embargo, al menos visto desde fuera, esa repentina visibilidad en los medios parece un tanto incontrolada, ¿o tal vez no?

¿Qué tiene Uber de realmente novedoso como para aparecer en todos los medios de comunicación? Hagamos un pequeño repaso.


Permite compartir coche. Realmente no es así. Uber no está orientado a la compartición de coche. De hecho, aunque así fuera, eso ya está bastante trillado. Hace apenas tres años, en el 2011, no había ayuntamiento que no tuviese en su web un sitio reservado para compartir coche bajo el paraguas de la eficiencia energética y de la optimización del tráfico. Para comprobarlo basta con buscar compartir coche ayuntamiento.


Permite optimizar del tráfico. Tampoco. Que se sepa, los coches de Uber no ayudan a mejorar el tráfico y aunque así fuera tampoco habrían sido novedosos en eso. Nuevamente, abundaban las Administraciones Públicas que hace no más de tres años se apuntaban a esa moda creando carriles bus-vao para coches en los que había más de un pasajero. La parte cómica de estas normas estaba en que surgieron de la nada conductores que disfrutaban viajando con un maniquí en el asiento del copiloto.


Permite hacer todas las gestiones por la web. Pues tampoco Uber es novedoso en eso. Desde hace muchos años existen webs de empresas y asociaciones que permiten hacer uso de coches compartidos que, en ocasiones aunque no siempre, son un eufemismo de un servicio de transporte maquillado con una suave capa de gestión comunitaria. Algunos ejemplos son compartir.org, respiro car sharingamovens, carpooling y muchas otras.


Entonces, ¿qué hay realmente novedoso en Uber? En mi opinión, dos cosas.


Primera: Mercado local de ámbito global

La cultura web ha cambiado muchos paradigmas de gestión. Por ejemplo, ha revolucionado el marketing mezclando las campañas de masas y las campañas one to one porque la cantidad de información que voluntaria o involuntariamente dejamos por la web permite que las empresas diseñen campañas completamente personalizadas no importando si el público objetivo son diez personas o mil millones.

La siguiente revolución parece ser la forma de abordar los mercados. Hasta ahora teníamos mercados de nicho y mercados globales. Es cierto que existían aplicaciones similares a Uber pero muchas de ellas eran de nicho, para una ciudad o incluso un país, con lo que una persona debía usar una app diferente dependiendo del lugar donde estuviese. Sin embargo, Uber da el siguiente paso y crea la aplicación a nivel global, es decir, uniendo infinitos mercados de nicho para crear un mercado global. Ya no hay una aplicación para los taxis de Bilbao, otra distinta para Nueva York y una tercera para Londres. Simplemente hay una app global. Es exactamente lo mismo que ha hecho airbnb con el alquiler de viviendas y la extrapolación futura a otros segmentos y mercados parece evidente.

Algunos le llamarán a esto globalización de servicios, muy en línea con la Directiva de Servicios del Mercado Interior de la UE pero aún a mayor escala.


Segunda: El poder de la movilidad

La movilidad es la herramienta que permite que todo esto sea posible. Uber no tendría ninguna opción si para poder reservar un taxi necesitásemos acceder a Internet por un medio de escritorio tal que un PC, porque la mayor parte de las veces que necesitamos un taxi estamos en la calle. Un negocio como Uber sería simplemente imposible hace tres años.

Los smartphones han roto esta barrera y Uber ha llegado en el momento exacto; su proyecto sí es movilizar (eufemismo de reinventar gracias a la tecnología) un negocio ya existente.


Y una consecuencia, la pérdida de referencia del valor de las cosas. La economía del regalo

Los usuarios de la web, y no solo las nuevas generaciones, se han acostumbrado a la economía del regalo según la cual algunas cosas son gratis pese a que tienen un evidente valor y por tanto un coste.

Lo curioso es que parece que esa cultura está calando más allá de la web, como si quisiera salir de la pantalla de nuestro dispositivo.

Uber crea un modelo de negocio que en cierta medida incentiva la desregulación del mercado al igualar al taxista que pasa una inspección técnica más exigente, paga una licencia, un seguro de responsabilidad civil e impuestos, con otro trabajador que no hace nada de todo eso. Y quizá la pérdida de referencia en el valor de las cosas esté detrás de todo ello.

Puede que este cambio sea pasajero y también puede que no, que sea realmente una tendencia. Mientras lo descubrimos parece razonable proteger a los trabajadores afectados por competencia no demasiado leal.

Pero al mismo tiempo no olvidar que los accionistas de referencia de Uber son Google y Goldman Sachs y que su última ronda de financiación es superior al valor en bolsa de Hertz y Avis juntas, lo que le da cierta credibilidad. Por eso también sería sensato prepararse para el supuesto de que la tendencia se consolide, fomentando y ayudando al sector tecnológico local para que pueda innovar y algo de esa nueva riqueza se quede aquí. No olvidemos que Uber se lleva el veinte por ciento de toda la facturación y que su mercado es global.


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Levantando la mirada



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Mientras por algunos lares se discute sobre el horario de los centros comerciales y se aportan argumentos sociales y económicos a favor y en contra de una mayor apertura al público,

mientras se discute sobre cómo serán los supermercados del futuro, si los carritos de la compra serán smart e identificarán los productos que contiene para realizar sugerencias al cliente, o si el etiquetado de los productos tendrá tags RFID para que el proceso de cobro se realice en segundos y sin sacar las compras del carro,

mientras todo eso ocurre, hay quien tiene la visión necesaria para simplificar las cosas y hacerlo además innovando de forma masiva.

Apoyado en una tecnología tan simple como probada (códigos QR y un smartphone) los clientes de Tesco pueden comprar a cualquier hora del día, cualquier día de la semana, en un supermercado (casi) real. Y lo hacen de una forma tan sencilla y natural como apuntar con la cámara del smartphone a una foto a tamaño real del producto seleccionado. Todo, mientras esperan la llegada del metro en paneles que simulan de una forma muy realista las baldas del supermercado.


Este modelo lleva varios años funcionando en Corea del Sur y ha demostrado ser  efectivo, con una experiencia de compra enormemente similar al supermercado tradicional pero sin la necesidad de tener que dedicar un precioso tiempo a pasear por sus pasillos.


No hay que ponerse nervioso; por mucho que algún tecnófilo se empeñe es improbable que este modelo sea mayoritario en Occidente a corto plazo. Los cambios en los hábitos sociales son significativamente más lentos que los cambios tecnológicos, algo en lo que una vez tras otra erran muchos visionarios. Incluso es probable que nuestro umbral de tiempo máximo en la parada del metro sea suficientemente diferente (y menor) como para que no sea viable hacer las compras en ese intervalo.


Pero en el extremo contrario, da igual si hay quien piensa que el modelo propuesto por Tesco con Homeplus es una forma muy freak de comprar. Lo mismo se pensaba hace 20 años de esos raros que iban hablando por teléfono por la calle. Si el modelo funciona tendrá su mercado y terminará por imponerse.


Lo único seguro es que no podemos ni debemos dormirnos porque al despertar podríamos descubrir que la siguiente gran cadena de distribución es una start up de Silicon Valley cuyo 'único' valor es el software y la plataforma tecnológica que habilita el negocio, ¿acaso alguien podía imaginar hace apenas dos años que la mayor 'asociación de taxistas' del mundo se llamaría Uber y tendría su sede en San Francisco?,

debemos volver a motivar a los jóvenes para que vuelvan a tener pasión por la tecnología en un momento en el que paradójicamente, pese a la más que evidente presencia de la tecnología en nuestras vidas, las Escuelas de Informática tienen problemas para llenar las aulas; esto también es labor nuestra,

debemos estar preparados para ser capaces de reinventar nuestros procesos de siempre. Simplificarlos y ponerlos de nuevo en marcha con todas las ventajas que la tecnología pone en nuestras manos. Tecnologías a veces muy complejas y tecnologías (como la aplicada por Tesco) a veces insultantemente simples.

debemos estar preparados porque podemos estar discutiendo sobre asuntos menores mientras el suelo se mueve bajo nuestros pies; necesitamos entender que la competencia de Coca-Cola no es Pepsi ni la cerveza, es el agua; debemos levantar la mirada.


En este contexto, llevando el ejemplo del centro comercial a nuestras fábricas (entendiendo fábrica en sentido muy amplio), me parece una excelente noticia nuestra participación en Industria 4.0 que está siendo liderada desde el Gobierno. Creo que es el buen camino.


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Nunca tan estándar y nunca tan incompatible



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"Quien desarrolla aplicaciones al margen de los estándares tiene los días contados", Perogrullo dixit; Es probable que no haya ningún tecnólogo que no suscriba estas palabras porque hoy en día cuesta encontrar algo que no esté basado en SOAP, web services, XML,… todo es estándar.

Y sin embargo, creo no ser el único que tengo la sensación de que hay segmentos donde las aplicaciones son cada vez menos compatibles. Pongamos un ejemplo que lo ilustre: la telefonía.

Hace apenas diez años se discutía si las comunicaciones de voz debían estar basadas en protocolos normalizados como H.323, si debían estar basadas en protocolos bien aceptados en el mundo Open como SIP o si debían basarse en protocolos propietarios de las compañías líderes como SCCP que intentaba imponer Cisco.

Avancemos esos diez años. Nos encontramos con las plataformas empresariales de voz IP de Cisco, Avaya, Microsoft,… que en general están integradas con los directorios corporativos. Pero al tiempo emergen otras cada vez más presentes, y no solo en el entorno residencial, también en el empresarial: Skype, Google Hangouts, Apple Facetime, Blackberry Messenger, Facebook Messenger, Snapchat, WeChat,…

Y si algo tienen en común todas ellas es que salvo honrosas excepciones no permiten llamadas a usuarios de otras aplicaciones. Algunas de ellas incluso solo están disponibles para un ecosistema concreto (Apple, Android, Windows o Blackberry).

La guerra no es tecnológica porque eso parece ser irrelevante. La contienda está centrada en quién gestiona la cuenta del usuario y que todo esté dentro de su ecosistema.

Esta incompatibilidad programada quizá les reporte ventajas en el corto plazo porque pueden avanzar más rápido al no tener que diseñar la interoperabilidad pero a medio plazo les puede resultar una enorme traba: ninguna de estas aplicaciones es capaz de sustituir al teléfono tradicional por muchas ventajas que tenga sobre él, que las tiene, porque ninguna de ellas garantiza la universalidad.

Esto mismo aplica a otras herramientas como el correo electrónico. Muchos quieren matarlo pero al sugerirlo no recaen en que el email aún sigue siendo la única forma telemática universal para comunicarse con TODOS los usuarios. Ni es la mejor, ni es la más rápida, ni es la más segura. Su única virtud es la universalidad.

La parte divertida es que los mismos que ahora crean el problema serán los que dentro de pocos años contarán la historia de la integración. O tal vez sea una compañía nueva la que entienda que no ser un medio universal te convierte en un medio de nicho, más grande o más pequeño, pero de nicho.

Mientras esperamos, esta falta de 'estándares' nos obliga a seguir utilizando el teléfono convencional –soportando la facturación por segundos de las operadoras- pese a que disponemos de tarifa plana en el acceso a Internet y apps capaces de sacarle chispas a esa conexión. Muy avanzado no parece...


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China y su expansión tecnológica



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Hace aproximadamente un mes que Lenovo se ha hecho con la división de servidores de gama media de IBM, una operación cerrada en 2.300 millones de dólares.

Puede parecer curioso que IBM venda una parte de su empresa justo tras el trimestre en el que consigue el liderazgo en ese segmento de mercado. Pero lo cierto es que desde el punto de vista financiero es una decisión impecable.

Los márgenes en el mercado del hardware son más bien escasos si se comparan con el software o, sobre todo, con los servicios de consultoría. Es claro que si IBM tiene un negocio mejor que el hardware al que dedicar el dinero de sus accionistas, es lógico que lo haga.

Probablemente, más allá de la preocupación que provocan los cambios, lo que realmente sentirán sus competidores en este mercado (HP, Dell, Oracle o Cisco) es que sus divisiones de software y servicios no tiren lo suficiente como para tomar el mismo rumbo que IBM.

Ahora bien, la decisión tiene dos reflexiones obligadas.


Dos reflexiones

La primera es la creciente presencia asiática en el mercado tecnológico. Primero se deslocalizó en países asiáticos la fabricación de componentes dado el menor coste de su mano de obra. Posteriormente vino la fabricación y el ensamblado de equipos completos, lo que parecía no preocupar demasiado a Occidente ya que seguíamos manteniendo las tareas de diseño, las de I+D y las de mayor valor añadido.

Y en un momento en el que muchos líderes occidentales empiezan a cuestionarse la conveniencia económica de esas medidas, los países asiáticos, con el dinero generado por todo lo anterior, comienzan a comprar compañías occidentales. No ya la fabricación y el ensamblaje sino divisiones completas, incluyendo todo el conocimiento y habilidades de alto valor añadido. China pasa de ser un país manufacturero a un país que diseña, innova y aporta I+D en grandes dosis.

Europa, siendo muy generoso, está estancada en su inversión en I+D mientras que China presenta importantes incrementos año sobre año.

Siguiendo una tendencia lógica es razonable pensar que la siguiente gran compañía del software vendrá de Asia, una vez que ya dominan el hardware: fabrican prácticamente el 100% de los equipos y están detrás del I+D de más de la mitad de este mercado. En móviles y tabletas literalmente arrasan con compañías como Samsung, Xiaomi, Huawei, LG, ZTE, Motorola (ahora de Lenovo) o Sony.


La segunda tiene que ver con el valor de las compañías y la máxima de más vale pájaro en mano que ciento volando. Es curioso ver como la división de servidores de IBM, líder con prácticamente un tercio de market share a finales de 2013, una facturación anual de 3.300 millones de dólares y 7.500 empleados de primer nivel es vendida por 2.300 millones de dólares.

Y al mismo tiempo, una compañía como WhatsApp, con 50 empleados, 450 millones de usuarios -que no clientes- que no aportan beneficio alguno, en un mercado altamente infiel a las marcas y acostumbrado al coste cero y sin ningún tipo de fuente de ingresos conocida es comprada por 19.000 millones de dólares. Es decir, 8 veces más.

¿Qué es más saludable para una región: Una empresa que genera gran volumen de empleo de alta calidad y que genera riqueza con unas importantes cantidades en impuestos o una empresa que tiene un alto (e hipotético) potencial pero que no genera prácticamente empleo ni paga impuestos de ningún tipo?

¿Y si la estrategia de China es la correcta?


Enlaces relacionados:

     › IDC Worldwide Server Market


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Exhumando cadáveres informáticos



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Cadáveres informáticos
Hay quien cree que las aplicaciones son muy parecidas a los seres vivos: nacen, crecen, se desarrollan y mueren. Es fácil buscar la analogía entre los ciclos vitales básicos y los estados por los que pasa cualquier aplicación informática. Lo que no nos cuentan es lo que pasa cuando las aplicaciones pasan a mejor vida.

Y según parece, lo que ocurre dentro de los servidores es muy similar a lo que ocurría en el Viejo Oeste, donde los cadáveres podían estar durante horas o días tirados en la calle tras un tiroteo.

Cuando una aplicación deja de tener sentido, bien porque la empresa ha abandonado una línea de negocio o simplemente porque la aplicación ha sido sustituida por otra nueva, es habitual que nadie se acuerde de que se deja un muerto, en forma de activo de TI, tirado por la calle.

Durante una primera etapa no se le presta mucha atención porque todos los cariños van dirigidos a la nueva aplicación. Pasado ese primer momento, cuando teóricamente habría tiempo suficiente para hacer el levantamiento del cadáver y enterrarlo adecuadamente, ocurre que ya pocos se acuerdan de ella, todos pasan a su lado impasibles, como si hubiera formado parte del paisaje desde siempre. En cualquier caso, es claro que nadie ve alicientes en dedicar tiempo a esa vieja aplicación que ya no sirve a nadie. Esto mismo, en menor medida, aplica también al código muerto que hay dentro aplicaciones vivas.


Un poco de tiempo para revisar lo inservible

Es cierto que este problema solo lo sufren aquellas empresas con un cierto bagaje en el mercado, no tanto porque las nuevas aplicaciones se gestionen mejor, sino porque no han tenido tiempo suficiente para dejar morir -o matar- algunas de esas aplicaciones. Pero tras treinta años de desarrollo de aplicaciones, lo que se encuentra bajo las alfombras puede ser impresionante, con ratios de código muerto y aplicaciones sin uso por encima del 40 por ciento de las líneas de código.

Tener todos esos objetos no válidos implica sobrecostes en los procesos de evolución tecnológica, en la gestión de proyectos de mantenimiento y en los proyectos de migración de plataformas. Solo por eso ya merece la pena embarcarse en proyectos de renovación tecnológica.

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Y al fin llovió



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Error 502 en google.com
Le había pasado a Twitter, a Facebook y a WhatsApp. Incluso hace apenas cinco días le ocurría a los servicios en la nube de Microsoft.

Pero parecía que en esto de la disponibilidad Google estaba por encima del bien y del mal.

Su inmejorable nivel de disponibilidad ha hecho que la caída de sus sitios web, aunque apenas ha durado cinco minutos, se haya convertido en noticia de portada. Tal es la confianza de los usuarios en el buscador que las redes sociales se llenaron de comentarios de supuestos problemas en su red WiFi doméstica. Dudaron de su punto de acceso WiFi antes de sospechar que el problema estaba en los servicios de Google.

Hechos como estos nos deben llevar a reflexionar sobre dos cuestiones.


Primera. La dependencia del buscador durante la navegación por la web es enorme. Los usuarios avanzados generalmente escriben la URL del sitio web al que quieren navegar. Sin embargo, una vez que los navegadores han unificado las cajas de texto de búsqueda y navegación (jugada maestra de Google), muchos usuarios escriben el nombre del lugar al que quieren navegar y pulsan intro para que sea el buscador (habitualmente Google) quien les facilite el link al sitio web.

De este modo, si el buscador no funciona muchos usuarios no saben llegar a los sitios web pese a que éstos estén absolutamente online.

Muchas personas deambulaban perdidas durante la caída de los servicios de búsqueda ya que ni tan siquiera podían usar Google para saber por qué no funcionaba Google.


Segunda. El nivel de dependencia de los servicios de Google es descomunal. Los datos que aportan los principales medidores de tráfico son unánimes al indicar que el tráfico de Internet cayó un 40 por ciento durante los problemas de disponibilidad de Google.

El tráfico de Internet cae un 40% por los problemas de Google
Fuente: GoSquared.com
La UE sancionó a Microsoft por imponer Internet Explorer en Windows cuando su sistema operativo tenía una cuota de mercado por encima del 90 por ciento. Ahora es Google quien tiene una cuota aplastante en los servicios de búsqueda e impone su navegador, Chrome, en todos los teléfonos con Android. Es decir, domina de forma indiscutible tanto en el buscador como en el navegador usado para llegar a él.

Es casi seguro que el comisario europeo de Competencia ya está afilando el lápiz para hacer caja...


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El Sol, el Mediterráneo y el coste de Internet



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Hace unos días, buscando información sobre la aportación al PIB por parte del sector tecnológico, tropecé con este interesante gráfico que muestra el tamaño del sector TIC en los países de la Unión Europea.

PIB por países de los subsectores TIC
PIB por subsectores TIC. Fuente: Eurostat
De él se pueden sacar conclusiones muy interesantes. Por ejemplo, se observa el tamaño de sector manufacturero de TIC en Finlandia o Suecia, seguramente gracias al tirón de compañías como Nokia o Siemens.

Se observa también como en los países más avanzados el sector de los servicios TIC es muy superior al de producción de bienes, algo que está en línea con lo esperado.

Por contra, el sector productivo destaca en países como Hungría, Rumanía o Malta donde los costes de mano de obra son más ventajosos. Hasta aquí, todo bastante razonable.

Pero hay un dato un tanto oculto que merece la pena poner de manifiesto: el de los países donde el subsector de Telecomunicaciones es superior a la suma de los otros tres subsectores.

Es decir, los países donde el tamaño de la barra roja es mayor que la suma de las otras tres barras.

Esto ocurre en muy pocos países del gráfico, entre ellos, Chipre, España y Grecia.

El sector de las Telecomunicaciones está conformado por el servicio a empresas y a particulares. La parte más relevante tiene que ver con el servicio a particulares dado el enorme mercado y la gran penetración de la banda ancha fija y, cada vez más, de la móvil en el mercado residencial.

Por tanto, la explicación más simplista del fenómeno vendría a decir que estos países se comunican mucho pero hacen poco. Para ver qué hay de cierto, analicemos cuatro posibles explicaciones a este fenómeno.


1. La explicación según un historiador

Los países bañados por el mediterráneo están fuertemente influenciados por las culturas de los grandes mercaderes fenicios, griegos y cartagineses. Estos pueblos destacaron por su enorme capacidad para hacer negocios con otros pueblos. Esto les obligaba a innovar y hacer uso intensivo de los medios de comunicación más avanzados del momento que, por aquella época, eran los barcos de vela. Con toda seguridad, hoy harían uso intensivo del teléfono, el correo electrónico y las redes sociales para comercializar sus productos.

Probablemente, sólo algo así podría explicar que Grecia sea el país de la Unión Europea con más teléfonos móviles por habitante con un ratio de 1,8 por persona. También destacan Italia y Portugal como segundo y tercero en este ranking. Curiosamente, dos de ellos están económicamente intervenidos y probablemente el tercero se ha salvado por ser too fat to fall.

Suscripciones de telefonía móvil por cada 100 habitantes. Fuente: Eurostat 2013
Suscripciones de telefonía móvil por cada 100 habitantes. Fuente: Eurostat


2. La explicación según un antropólogo

No está claro el motivo pero es rigurosamente cierto que el Sol guarda relación con la necesidad y la forma de comunicación entre las personas. En general, se cumple la máxima de que los habitantes de los países más cercanos al ecuador, con más horas de Sol y luz, se juntan más al hablar e incluso, incomprensiblemente porque por lógica debería ser al revés, suben el volumen.

En los zocos de los países del norte de África los comerciantes hablan con un volumen muy elevado e incluso se tocan al hablar. Ambas cosas molestarían muchísimo a un noruego cuyo volumen de voz es menor y el espacio vital que mantiene con su interlocutor muy superior.

Esto podría explicar el mayor consumo de telecomunicaciones de los países del sur de Europa ya que estar en contacto telefónicamente sería la forma moderna y virtual de estar más cerca del interlocutor.


3. La explicación según un economista

Seguramente, un economista justificaría las diferencias de precios entre países tirando de la liberalización del mercado. Los mercados donde hay mayores costes, probablemente, son aquellos donde hay menos compañías en libre y sana competencia, sin monopolios de facto (asumiendo que los de derecho no son legales). Y para garantizar eso el regulador tiene mucho que decir.

Debe decidir los precios a los que los operadores con red propia deben alquilar parte de su red a otros operadores que únicamente se dedican a comercializar servicios por las redes de los primeros. En función del precio, las condiciones de alquiler y la obligatoriedad de ese alquiler se estará fomentando el desarrollo de una red propia frente a una red construida por unos pocos operadores y explotada por todos los demás. Por otra parte, reduciendo drásticamente el coste de las licencias se eliminarían las barreras de entrada a nuevos proveedores que podrían hacer aumentar la competencia.

Debe también legislar para impedir situaciones como la del coste de la itinerancia de datos entre países, algo en lo que, afortunadamente, parece que ya están trabajando. Hace tiempo que deberían haberse dado cuenta, tanto operadoras como reguladores, que con unos costes tan disparatados se desincentiva el servicio y cuando algo no incentiva no se contrata. Es una versión adaptada de la Curva de Laffer que, en el caso del roaming internacional, viene a recordarnos que existe un punto a partir del cual subir el precio genera menos facturación.

Del mismo modo, debe regular la posibilidad de las administraciones públicas para prestar servicios de acceso WiFi en zonas abiertas de las ciudades, algo complejo hoy en día por las restricciones impuestas y que, a buen seguro, permitiría añadir un competidor más al sector, obligando a un ajuste de tarifas.

En definitiva, el regulador debería velar por la existencia de una competencia real y efectiva que obligue a las empresas a ser más eficientes porque con ello aumenta la calidad del servicio y el precio es más atractivo para los usuarios.

Probablemente, el economista terminaría hablando sobre una mayor salud del mercado y, sobre todo, mejores órganos de regulación en los países donde el precio es más ventajoso. Por contra, menos salud y peor regulación donde los precios son más altos.


4. La explicación según un tecnólogo
Coste relativo de la conexión en Paridad de Poder Adquisitivo
Coste diario de la conexión en Paridad de Poder
Adquisitivo. Fuente: Asociación de Internautas

Está quizá sea una variante de la anterior pero seguro que el tecnólogo añade algún matiz diferente.

El negocio de las telecomunicaciones sigue un modelo deficitario. Es decir, su coste, a igualdad de producto, es menor cada año. Los proveedores deben dar cada vez más caudal para poder mantener el precio.

La gráfica adjunta muestra el coste diario de la conexión a Internet en los países de la Unión, corrigiendo el importe en función del nivel de renta de cada país (PPA o PPP en terminología inglesa).

Casualidad o no, ahí vuelven a aparecer los mismos países (Chipre, España y Grecia), acompañados por Polonia, Letonia e Italia, como los lugares de la UE donde la banda ancha es más cara.

Esto podría justificar el aparente mayor consumo en telecomunicaciones de algunos países, no ya por mayor consumo en sí sino por mayor esfuerzo económico para realizar el mismo consumo.

Siendo malo en el entorno doméstico, lo es aún peor en el empresarial ya que un mayor coste de las comunicaciones merma la competitividad de las empresas en un servicio del que no pueden prescindir.

Como ejemplo, la conexión a Internet le cuesta entre dos y tres veces menos a una empresa británica que a una española.


Terminando

No sé si estas respuestas son correctas, si lo correcto es una mezcla de todas o alguna de ellas o incluso si hay alguna otra posible respuesta que justifica el fenómeno.

Creo que la justificación viene más de las respuestas del economista y el tecnólogo que de las del historiador y el antropólogo pero que cada cual se quede con la que prefiera.


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Acelerando el ciclo tecnológico



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Nokia E65. Primer teléfono considerado smartphone
Mira la foto de ahí al lado. Ahora vuelve a mirarla y responde a esta simple pregunta:
«¿Cuantos años crees que han pasado desde que este teléfono era uno de los top del mercado de móviles?»
Probablemente pienses que un dispositivo de este tipo debe ser de hace mucho tiempo pero no, el E65 era uno de los modelos de gama alta a finales de 2007,  hace apenas cinco años. Este teléfono fue uno de los primeros en ser considerado un smartphone.

Sin duda, está absolutamente alejado de la experiencia de uso de lo que hoy consideramos un teléfono inteligente. Ya podemos olvidarnos de aplicaciones, de pantalla táctil, de un navegador de Internet mínimamente operativo, de mensajería más allá del SMS,... Probablemente, lo único que echaríamos de menos de él son sus 105 gramos de peso.


Acelerando el ciclo

Una de las cosas más increíble del mercado de smartphones -y por ósmosis de las tabletas- es que ha conseguido reducir a la mitad el plazo normal de un ciclo tecnológico.

En el mundo de los PCs el periodo de renovación tecnológica ha estado fijado desde siempre en 4 años y, aún con todo, no faltaban quienes criticaban que ese periodo forzaba a las compañías (y familias) a un enorme esfuerzo al tener que cambiar de PC aproximadamente en ese periodo de tiempo.

Ahora este periodo se ha reducido a la mitad o incluso menos pero sorprendentemente a nadie parece preocuparle. Los usuarios renuevan sus smartphones cada dos años o menos pese a que su coste no es muy diferente de lo que se paga por un PC. Con las tabletas ocurre algo similar aunque todavía no hay datos que sustenten esta idea ya que el grueso de ventas de estos dispositivos se ha producido en los dos o tres últimos años.

De fondo hay algo que no debemos perder de vista: asumiendo el axioma del 1-2-10, el smartphone es casi una extensión del cuerpo, algo muy cercano a nosotros. Sin embargo, un PC se percibe como algo más cercano a un electrodoméstico. Por eso, parece que no preocupa tanto invertir dinero en algo que es parte de nosotros frente a invertir en algo cercano a un frigorífico en la mente de los consumidores. La tableta parece estar a mitad de camino.


Las consecuencias

Reducir el plazo de renovación tecnológica a dos años tiene varias consecuencias que merece la pena analizar.

La primera, que me preocupa más bien poco, es que compañías como Apple o Samsung mantienen su descomunal capitalización bursátil en base a que ese plazo se consolide y consigan vender ingentes cantidades de dispositivos cada dos años. Si en algún momento este plazo vuelve al más tradicional de cuatro años sus ventas se resistirían de forma muy notable y con ello se valor bursátil (no su valor real) como compañías tecnológicas.

La segunda ya me preocupa un poco más. El coste en hardware se dispara si el periodo de depreciación de los activos se reduce a dos años ya que implica renovar el hardware en la mitad de tiempo de lo que se venía haciendo hasta ahora. Es decir, en el mismo plazo se duplica el coste de adquisición de dispositivos de usuario. Tal vez el BYOD pueda echar una mano a las empresas pero ese coste repercutirá en el ámbito doméstico.

La tercera es con diferencia la que más me preocupa. Si el periodo de renovación de los dispositivos de usuario se mantiene al ritmo de una oleada tecnológica anual o bienal, esto querría decir que la innovación en canales será muy superior a la actual. Y esto obliga a repensar muchísimo los proyectos de aplicaciones de gran tamaño si estos tienen una componente muy fuerte de interacción con los usuarios. Tal vez una estrategia de proyectos pequeños y más frecuentes sea más acertada.
La razón que me lleva a pensar de este modo es imaginar la situación de grandes proyectos de CRM lanzados hace apenas tres años. Probablemente, muchos de ellos no tengan en cuenta la interacción con los usuarios mediante Twitter, Facebook o incluso WhatsApp.

El tiempo dirá si la estrategia de ciclo tecnológico acelerado se consolida o es temporal. Apuesto por lo primero.


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La informática se nos jubila



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Cuestión de edad
Quien más y quien menos todo el mundo conoce a un médico jubilado, a un abogado jubilado, a un administrativo jubilado, a un trabajador de la construcción jubilado,… incluso hay quien dice que conoce a un dependiente de un bazar chino jubilado. Pero, ¿alguien conoce a un informático jubilado?

Y no es que sea un expediente X ni que los informáticos cuando se jubilan se escondan en la vieja madriguera del sotobosqueFélix R. de la Fuente dixit-, es una simple cuestión matemática.

Las facultades comenzaron a inundar el mercado de licenciados en informática –hoy ingenieros- a finales de los años 70 o principios de los 80 según de qué universidad se trate. En ese momento, las grandes corporaciones y administraciones públicas comenzaban a mecanizar sus procesos mediante las TIC y el mercado absorbía toda la oferta existente de profesionales.

Esos ilusionados muchachos tienen hoy entre 55 y 60 años. Es decir, están a entre cinco y diez años (si nadie lo remedia) de comenzar una nueva y presumiblemente menos estresada vida.

Esta irrupción en el mercado de la rara avis de los “informáticos jubilados” tendrá algunas consecuencias que merece la pena analizar.


Cambia el perfil del profesional

Promoción Informática Deusto 1985
Fuente: http://alumni.eside.deusto.es/orlas/
En esos años 80 la capacidad de procesamiento era un bien muy escaso. Los procesos se analizaban y documentaban de forma exhaustiva y los programas se escribían en papel. Para cuando se llegaba a la máquina, se cargaba el código de las aplicaciones y se probaba su correcto funcionamiento, una gran parte del trabajo ya estaba hecho.

Sin embargo, hace ya mucho tiempo que la disponibilidad de máquina no es un problema. Cualquier profesional o aficionado tiene en su casa la capacidad de cálculo suficiente para plantear la aplicación que desee, por intensivo que sea el proceso. Quizá por eso, la fase de análisis puede ser en cierto modo relegado frente a una mayor presencia del ensayo-error. De hecho, las fronteras entre analista, analista-programador y programador son cada vez más difusas.

No digo que ahora se hagan mejor las cosas, tampoco lo contrario, pero sí creo que el perfil del profesional ha cambiado, pasando de una necesidad de análisis sin ambigüedades, un requisito grabado a fuego en estos profesionales, a un modelo mucho más basado en el ensayo-error y el diseño basado en prototipos. Nota: lo sé, generalizar acarrea errores.

El ideal es aprovechar estos años de convivencia generacional y llegar a conjugar lo mejor de los dos tipos: garantizar que todo el conocimiento funcional adquirido durante los últimos 30 años no se pierda y que las plataformas tecnológicas evolucionen acorde a los tiempos.


Evolución de las tecnologías en los datacenters

Una nueva verdad científica no suele imponerse convenciendo a sus oponentes sino más bien porque sus oponentes desaparecen paulatinamente y son sustituidos por una nueva generación familiarizada desde el principio con la nueva verdad, Max Planck.

Es previsible pensar que algunas tecnologías que llevan años fuera de las facultades y que como norma no han sido incorporadas en las empresas creadas en los últimos diez o quince años, puedan comenzar un suave, o tal vez no tan suave, declive.

Emulador de terminal
Los datacenters de las grandes compañías y administraciones públicas, justamente las que comenzaron con la informática a principios de los años 80, están plagadas de tecnologías que no son de aplicación cuando a alguien le plantean montar un sistema informático desde cero. No hay por qué dar nombres para no herir la sensibilidad de los fabricantes pero está claro de qué tecnologías se está hablando.

Hasta hoy estas tecnologías sobreviven, y en algunos casos de forma realmente cómoda, porque sus protectores están al pie del cañón. Pero cuando estos profesionales comiencen a desaparecer la situación de estas plataformas se volverá mucho más precaria. Parece razonable pensar que habrá movimientos en favor de tecnologías lideradas por las nuevas hornadas de profesionales.


¿Hay que preocuparse por esta evolución?

Personalmente creo que no. Simplemente hay que entender el problema y plantear la evolución con el tiempo necesario y suficiente. Los sistemas corporativos de los datacenters no evolucionan en términos temporales de meses sino de años; hay que preparar la transición con el tiempo necesario para no caer en las prisas de última hora cuando algo que puede hacerse mediante un cambio suave evolucione a una transición brusca y traumática.

Probablemente habrá muchas más cosas que cambiarán derivadas del primer relevo generacional del sector como, por ejemplo, que habrá quien aproveche el momento para flexibilizar la estructura salarial de las empresas (¡toma eufemismo!).

¿Cuál se te ocurre?


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Radiografía de una eFactura



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Los antecedentes:

    Factura electrónica
  • Cada año las empresas se intercambian a nivel mundial un total de 350.000 millones de facturas. A Europa le corresponden unos 30.000 millones de facturas.
  • El reparto es aproximadamente 50-50 entre B2C y B2B.
  • Por sectores, la Administración Pública es el mayor productor/receptor de facturas con un total del 15%.

Solamente con esas tres razones no debería haber administración pública que se resistiese a mecanizar el proceso de facturación porque la cantidad de trabajo manual es enorme y su coste más que evidente. Y sin embargo no ocurre, o no al menos con la contundencia que sería razonable.

Alguna desventaja debe tener la factura electrónica para que su implantación no sea masiva. Primero, un rápido paseo por las ventajas.


Ventajas

Fraude fiscal
Mejora en la detección de fraude. La eFactura permite cruzar la información de la factura con cualquier otra información disponible en los sistemas y todo en tiempo real.

Esto permite mejorar los ratios de detección de actividades sospechosas (fraude, evasión fiscal, morosidad,...) y no hay que perder de vista que la probabilidad de inspección y control es uno de los principales frenos -sino el mayor- al fraude o la evasión de capitales.

Quizá sea ésta la razón por la que algunas contabilidades aún se siguen haciendo con papel y pluma.

Mayor eficiencia. El Departamento del Tesoro de Finlandia estima que el coste global de procesamiento de una factura oscila entre 30 y 50 euros. Según sus estimaciones, automatizando el proceso por medios electrónicos, algo que Finlandia y otros muchos países ya han hecho, ese coste puede bajar a valores de entre 1 y 10 euros. Estos ahorros implican reducciones de cargas de trabajo manuales lo que, a su vez, además, permite una importante reducción de los plazos de procesamiento.

Facturas de papelMedioambientales. Teniendo en cuenta que una factura tiene algo menos de tres páginas como promedio, cada año se imprimen más de un billón (un uno y doce ceros) de páginas en el proceso de emisión. El coste energético para producir ese papel es mayor que el consumo de 150 millones de bombillas de 50W encendidas durante 24 horas. Y el consumo de agua necesario para la fabricación de esa cantidad de papel es superior a los 120.000 millones de litros. Como consecuencia de esto, la huella de carbono de una eFactura es aproximadamente tres veces menor que esa misma factura en papel (que algo de CO2 también generan las infraestructuras de TI).

Y otros algo más intangibles como la mejora de la calidad gracias a la automatización de procesos, la imagen pública de modernidad, la mejora de plazos, etc.


Inconvenientes

Multitud de plataformas. En 2012, solo en Europa, había más de 500 proveedores de factura electrónica cuyo objetivo era integrar la eFactura en los más de 10.000 ERPs existentes. Este gran volumen es por una parte positivo ya que gracias a él será posible, según las previsiones, que en el año 2017 la mitad de la facturación en el segmento B2B o B2G sea electrónica. Este gran volumen de proveedores de eFactura busca repartirse un mercado en el que el ratio de crecimiento en 2012 fue del 35 por ciento y en el que se espera que en los próximos años sea superior al 30%.

La contrapartida a esta diversidad de plataformas y proveedores viene en forma de enormes costes de integración. No ya porque haya diferentes formatos de factura electrónica, que los hay, sino porque el cumplimiento de estándares de cada proveedor cuando se baja a la arena es manifiestamente mejorable.

Resistencia al cambio. La factura, como documento mercantil, no ha variado mucho en los últimos [cientos de] años. No es un problema exclusivo de la eFactura pero, sin duda, todavía hay quien le ve cierto gusto a almacenar los documentos en carpetas de papel. Es un problema que irá progresivamente, y probablemente de forma rápida, a menos.

El uso de certificados. Esta es la madre de todas las batallas respecto a los inconvenientes y se refleja de forma muy gráfica y evidente en los datos de uso de las diferentes acepciones de facturación electrónica que ha publicado la UE.

% Factura electrónica procesada automáticamente
Fuente. INE. Percentage of all enterprises sending electronic invoices
Los datos que el INE facilita sobre 2012 indican que el 19,2% de las empresas realiza su facturación de forma electrónica. Pero de entre ellas, solo un 7,5% lo hace siguiendo los estándares legales basados en XML firmado digitalmente. En las antípodas se encuentran el 97,1% de las empresas que utiliza formatos no procesables de forma automática, básicamente ficheros PDF.

Partiendo de la base de que la generación de un documento PDF o un fichero XML es idéntica en complejidad ya que el ERP abstrae al contable de todas esas tareas (incluso Excel tiene plantillas gratuitas para generar ambos tipos de documentos), lo único que realmente difiere es que el XML de Facturae exige firma para ser validado y procesado automáticamente mientras que una factura electrónica en un PDF (que incluso que puede provenir de una factura en papel digitalizada) enviada por email no exige nada.

Está claro que una tiene validez jurídica y la otra no pero los porcentajes dan que pensar respecto a cómo los tecnólogos complicamos la vida a los usuarios cuando deberíamos hacer justo lo contrario.


El papel de la administración publica

El papel de la Administración Publica es fundamental y quizá por ello la UE está promoviendo el desarrollo de este mercado mediante la directiva 2011/7/UE con el objetivo puesto en 2020 haciendo obligatoria la eFactura, aunque en este caso centrando el objetivo fundamentalmente en el control de la morosidad. Parece razonable pensar que si la factura es aceptada automáticamente por los sistemas, sin capacidad de repudio para emisor y receptor, no existirá capacidad alguna para 'retenerla en un cajón'.

Lo mismo ocurre en Estados Unidos con la iniciativa federal del Departamento del Tesoro de julio de 2011 obligando a todos los proveedores a enviar la facturación de forma electrónica a partir de enero de 2013. Incluso han creado una plataforma común para la facturación electrónica de sus diferentes administraciones públicas.

Que lejos está Europa de iniciativas como ésta.

El sector publico esta sin duda en una situación excepcional para regular este proceso ya que tiene la capacidad normativa, al tiempo que interviene en el 15% de todos los procesos de facturación, casi siempre como cliente.

Son muchos los Gobiernos que ya han puesto fecha de caducidad a la facturación en papel haciendo obligatoria la factura electrónica. Entre ellos están Dinamarca, Suecia, Finlandia, Noruega, Holanda, Brasil o Singapur entre otros. Los más grandes, como Estados Unidos y Bilbao, incluso han coincido en la fecha: 1 de enero de 2013... Como decía Unamuno, el mundo entero es un Bilbao más grande.


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En la base de las ciudades inteligentes...



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Sistemas interconectados para crear ciudades inteligentes
Aunque sea uno de esos términos que empieza a estar maltratado por las diferentes acepciones que hacen de él unos y otros, hoy hablamos de smartcities.

La mayor parte de los proyectos que se plantean sobre ciudades inteligentes se basan en un colosal despliegue de sensores, desde detectores de tráfico, ocupación de plazas de aparcamiento, calidad del aire,  farolas inteligentes, coordinación semafórica global, detección de aglomeraciones,...

Y además, si de verdad se quiere que la ciudad sea (o parezca) inteligente, todos esos sensores deben estar en comunicación. Eso permitiría, por ejemplo, aumentar la potencia lumínica de las farolas ante aglomeraciones en una determinada calle, diseñar una planificación de los semáforos que discriminen positivamente al transporte público detectando su presencia en tiempo real, correlacionar la calidad del aire en una determinada calle con el tráfico que soporta a fin de buscar alternativas,... Para todo ello se deben buscar protocolos estándar que unifiquen la gestión de elementos tan dispares.

El otro gran frente es el coste; dotar de comunicaciones IP a los miles de dispositivos, por ejemplo semáforos o farolas, de una gran ciudad tiene un coste colosal.  Por eso, los medios de comunicación utilizados, además de estándar deben ser muy eficientes en costes.


La solución parece ser inalámbrica

Para ayudar en ambos puntos el IEEE lleva un tiempo trabajando en la norma 802.15.4 cuya denominación es de lo más ilustrativa: Low Rate Wireless Personal Area Networks (LR-WPAN). Es decir, redes wireless de bajo caudal (por debajo de 250 kbp/s, es decir, unas 1.200 veces menos que una WiFi normal 802.11n) pero que pueden funcionar con unos niveles de consumo eléctrico realmente reducidos.

Por encima de la norma 802.15.4 trabaja un grupo del IETF definiendo el protocolo 6LoWPAN, con el objetivo de permitir la comunicación inalámbrica de bajo consumo mediante redes IPv6.

Todo ello, unido, garantiza una capacidad de direccionamiento prácticamente sin límite, baterías con una duración de años y un tamaño reducidísimo, lo que hace esta norma especialmente apropiada para dispositivos de lo más variopinto tanto en el ámbito de las ciudades como en oficinas y viviendas.


Pero, ¿para qué sirve todo esto?

Por simplificar, empecemos por el ámbito doméstico. Imaginemos que cada bombilla del hogar tiene un chip miniaturizado que incorpora una antena 6LoWPAN, lo que no es ningún disparate teniendo en cuenta que su fabricación ya está muy por debajo de un euro.

Bombillas IP conectadas vía WiFi
Con ello desaparecería el concepto de interruptor ya que cada bombilla podría ser encendida y apagada a voluntad (o mediante sensores) desde cualquier aplicación de gestión que tenga permisos para comunicarse con la IP de cada bombilla. Lo importante es que por primera vez se elimina la necesidad de tener un cable que conecte el dispositivo que consume la electricidad (la bombilla, por ejemplo) con el mando que la regula (el interruptor). Esta conexión pasa a ser lógica, no física.

Con suma facilidad se podría definir una activación gradual de las bombillas de una lámpara de forma que se fueran encendiendo a medida que va cayendo la tarde y se va reduciendo la luz ambiente.

Lo mismo sería de aplicación para cualquier dispositivo de la domótica del hogar. Sin duda, protocolos como 6LoWPAN u otros similares como ZigBee abren todo un nuevo mundo de posibilidades de gestión para el aumento de la calidad de vida en el hogar. Tal vez, el sueño de tener un salón como los de las películas de James Bond, donde los muebles y aparatos electrónicos aparecen y desaparecen a voluntad (horteradas al margen), no esté tan lejos.


¿Y en el ámbito de las ciudades?

Antena WiFi sobre un semáforo
Exactamente esa misma tecnología puede ser aplicada a gran escala en el ámbito de las ciudades. Esto permitirá, a un coste y nivel de complejidad razonable, informar al ciudadano de las plazas libres de aparcamiento en calle, de las congestiones de tráfico o aglomeraciones de personas, de la calidad del aire.

Permitiría también iluminar más o menos las calles en función de si hay o no transeúntes o coches circulando, optimizar los desplazamientos en transporte público dándole paso en los semáforos a medida que se van acercando, minimizar el tiempo de espera de los peatones en los semáforos detectando su presencia o aumentar el tiempo para los vehículos cuando no haya nadie esperando. Incluso, por qué no, sancionando de forma automática a quien de forma indebida estacione en una plaza reservada para personas con discapacidad o se salte un semáforo en rojo (bien entrado el rojo, no en ámbar como se hace en algunas ciudades).

Parece claro que las redes WiFi tendrán un papel preponderante en el diseño de las ciudades inteligentes. No solo para dar acceso gratuito a Internet a la ciudadanía -que también- sino para crear una tupida red de sensores que hagan la vida más agradable.



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Java, lo que pudo haber sido



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Logo de Java
No se puede decir que Java sea nuevo en nuestras vidas, lleva más de quince años con nosotros y su gran éxito ha ocurrido en detrimento de otros muchos lenguajes de programación muy comunes en los años '90.

Pero Java, como lenguaje de programación, no es sino una pieza más -aunque importante- dentro de la Plataforma Java entendida en su conjunto. En el fondo, se buscaba compatibilizar cualquier dispositivo de forma que una misma aplicación pudiera funcionar sin cambios en un PC de escritorio, un servidor, un televisor, un teléfono móvil o hasta un PLC industrial. Daba igual cual fuera del sistema operativo que gestionase el dispositivo porque por encima de él se situaría la Máquina Virtual Java (JVM) que lo haría todo compatible.

Como peaje a esa maravilla tecnológica, todos los desarrollos de aplicaciones deberían hacerse en el nuevo lenguaje de programación: Java. No importaba si se trataba de una aplicación de gestión financiera o la gestión de la tarjeta SIM en un teléfono móvil, todo debía hacerse en Java.


...Y la realidad quince años después

La realidad es que Java es el lenguaje de programación más popular en la actualidad compartiendo ese primer puesto con alguno de los lenguajes (VB o C#) de la plataforma .NET, según quien haga la medición. Sin embargo, del sueño de compatibilizar las plataformas no queda ni rastro.

Arquitectura J2EE
Y no es que una aplicación diseñada para un servidor no funcione en un TV o un teléfono. Es que una aplicación diseñada para un servidor de aplicaciones J2EE no funciona en ningún otro servidor J2EE, al menos sin cambios. En muchas ocasiones incluso hay problemas en función del sistema operativo anfitrión o el motor de base de datos.

Seguramente habrá muchos teóricos que piensen que eso es una barbaridad. Pero no lo es, es la simple constatación de la realidad.

Además de los problemas de compatibilidad, prácticamente nadie se plantea desplegar Máquinas Virtuales Java en nada que no sea un servidor (muy potente) porque poner una capa de homogeneización por encima del sistema operativo y el hardware tiene un coste de recursos inasumible, máxime teniendo en cuenta los gravísimos y frecuentes problemas que la plataforma Java ha sufrido en la gestión de la memoria.

Es decir, hemos cambiado de lenguaje de programación, con todo lo que ello implica en la curva de aprendizaje de las personas y en los costes de migración, sin tener ni una sola de las ventajas que Java prometía. Visto en perspectiva, un disparate provocado en exclusiva por la moda.

Usamos Java para funciones muy dispares como diseñar sitios y aplicaciones web, para las aplicaciones Android, para la gestión interna de dispositivos de red o para aplicaciones empresariales internas. Y lo hacemos aún teniendo en cuenta que Java no es lenguaje de programación más óptimo en todos esos escenarios. De hecho, en su afán de compatibilizarlo todo, probablemente no sea el lenguaje de programación más óptimo en ninguno de ellos porque no es lo mismo gestionar las librerías gráficas de un teléfono móvil que realizar un proceso masivo de emisión de recibos. Aún así, usamos Java para todo ello.

El canon que nos toca pagar viene en forma de mayores plazos y costes de programación, sobre todo en aplicaciones de gestión (que son la mayoría en el ámbito corporativo) donde se han dejado de lado otros lenguajes de programación infinitamente mejor preparados para esa función pero bastante menos fashion.


Como el chaval del r9

Esquema mental de un programador J2EE
Para compensar muchas de esas carencias y nuevas necesidades en Java han surgido un gran número de frameworks de desarrollo y tecnologías que complementan la funcionalidad original.

De hecho, saber Java es solo el principio para hacer aplicaciones Java. Hace falta tener conocimientos de otras tecnologías y frameworks como JavaServer Faces, Spring, Struts, Hibernate, servlets, applets, JSPJDOM, Apache Velocity, JBoss Seam, Apache Wicket,... según las preferencias del equipo de desarrollo y el tipo de aplicación que se quiera desarrollar.

En cierta medida, Java se parece a la leyenda del chaval del r9, que partiendo de un coche más bien normalito y a base de complementos intenta igualar al Kadet GSI de su cuñado.


Terminando

Estoy convencido de que si pusieran a un informático a analizar el oleaje con el objetivo de fijar la mejor posición para un generador eléctrico, acabaría desarrollando un modelo para normalizar el tamaño, posición, fuerza, caudal y frecuencia de las olas. Seguramente nadie se lo habría pedido, no podría ser implementado en la vida real y obligaría a desperdiciar datos vitales de cada ola a fin de hacerlas compatibles. Pero quedaría de lo más mono en un mercado absolutamente dominado por las modas. Qué le vamos a hacer, somos así.

Para no flagelarnos, quizá sea un buen momento para aprender algo de JAMon.


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IPv6 empieza a dar señales de vida



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Despliegue de IPv6
Han pasado ya 18 meses desde que se anunció que la capacidad de direccionamiento de Internet se había acabado. La Corporación de Asignación de Nombres y Números en Internet (ICANN) asignó el viernes 4 de febrero de 2011 los cinco últimos bloques de direcciones, lo que dio por agotada la capacidad del protocolo IP versión 4 (IPv4).

Los medios de comunicación lo contaron como el principio del fin si no se migraba rápidamente a IPv6 y, sin embargo, pasado todo este tiempo parece que no ha pasado nada, ¿o tal vez sí?

Lo que realmente ocurrió a principios de 2011 es que el organismo que gestiona el plan de direccionamiento global de Internet asignó a los ISP los últimos rangos que le quedaban. Pero eso no implica que los ISP, que son los que realmente asignan direcciones a usuarios particulares y empresas, se hayan quedado aún sin stock de IPs.

Número de direcciones IP por países
Fuente: Wikipedia
Y esto del stock de IPs por proveedores de Internet debe mirarse además desde una óptica un tanto peculiar ya que el número de IPs disponibles por países no es precisamente proporcional.

Estados Unidos tiene reservadas más de 1.500 millones de IPs (más del 35% del total) pese a no representar más de un 5% de la población mundial.

En el lado contrario están China o India que, pese a tener un 20% de la población mundial cada una, no pasan del 7% y el 0.8% respectivamente de los 4.300 millones de IPs disponibles en IPv4.

Y no es que algunos países tengan trato de favor con la ICANN, sino que en los inicios de Internet 4.300 millones de IPs debían parecer algo cercano al infinito y por ello los rangos se asignaban con bastante alegría.

Lógicamente, los países que antes se desarrollaron en Internet son quienes tienen más direccionamiento disponible.

Vistas las estrecheces de la versión 4 de IP, el grupo de trabajo que desarrolló IPv6 -allá por 1998 y dentro de la RFC 2460 del IETF- no escatimó a la hora de ampliar el rango de direcciones posibles. Así se llega a un nuevo protocolo con 340 sextillones de direcciones posibles que, puesto en forma numérica, es un 340 seguido de 36 ceros.


La evolución de IPv6

Evolución de IPv6
Fuente: Google
IPv6 tiene más de 14 años de vida y sin embargo es un gran desconocido. Su evolución no ha sido lenta, simplemente ha sido nula. En parte porque el sector de TI está cansado de agoreros que anuncian el fin del mundo (problema del año 2000, por ejemplo), en parte porque los humanos siempre tenemos algo más urgente e importante de que preocuparnos frente a un problema futuro que aún no es tal.

Por ello, la curva de crecimiento fue prácticamente plana hasta 2011 pero a partir de ahí, pese a que los ratios globales son aún pobres, la pendiente se ha ido inclinando notablemente (línea verde en la gráfica).

Y junto con el crecimiento hay otra tendencia que se muestra con total claridad (línea roja en la gráfica). Los mecanismos que el propio protocolo implementa para la transición con IPv4 -6to4 y Teredo fundamentalmente- caen con la misma rapidez con la que crece IPv6.


Entonces, si todo está preparado ¿por qué no se migra?

Vint Cerf nos pide que pasemos a IPv6
Lo más fácil es describir lo que no es un problema. Los sistemas operativos de escritorio están preparados desde hace más de 6 años. Tanto Windows como Linux y MacOS disponen de pila IPv6 desde hace al menos dos versiones. Lo mismo ocurre con los sistemas operativos de servidor que, en general, no presentan ningún problema. Incluso Java soporta IPv6 desde la versión J2EE 1.4 del año 2002. Y por supuesto, todos los smartphones y tablets soportan IPv6 sin ningún problema desde sus inicios.

Las aplicaciones no deberían tener ningún problema en el cambio de protocolo (salvo aquellas tengan filtros en función de la dirección IP o funcionalidades similares) ya que en las capas altas el cambio es totalmente transparente para ellas.

Por otra parte, los dispositivos de red (firewalls, routers, switches, balanceadores,...) están adaptados o en su caso disponen de revisiones del firmware que permiten que funcionen sin problema con IPv6.

Visto lo anterior y analizada la situación de despliegue del nuevo protocolo sólo cabría concluir que la adopción de IPv6 es técnicamente muy compleja, pero no es así. La migración es laboriosa porque exige repensar todo el plan de direccionamiento y aplicarlo de nuevo a todos los equipos y dispositivos, pero no es técnicamente compleja.

Pese a ello, las empresas no ven la necesidad de migrar porque los usuarios domésticos aún son IPv4. Los usuarios domésticos no migran porque sus proveedores de acceso a Internet no lo hacen. Y los proveedores de acceso a Internet no migran porque las empresas no les instan a ello. Pero este círculo vicioso está comenzando a romperse.


El inicio del cambio. Las razones.

El primer motivo para el cambio es el propio agotamiento del plan de direccionamiento de IPv4. Quienes más lo están sufriendo son los países emergentes que tienen una fuerte demanda de nuevas direcciones y no tienen capacidad de solicitar más al ICANN.

Crecimiento de las necesidades de direccionamiento del Internet de las cosas
Fuente: Google
El segundo motivo es la explosión del Internet de las cosas. La previsión de necesidades de direccionamiento para todos los nuevos dispositivos que serán conectados a Internet en un futuro cercano es espectacular. Se espera que en 2016 haya unos 5.000 millones de internautas y más de 20.000 millones (cuatro veces más) de cosas conectadas a la Red.

El tercer motivo es que Estados Unidos, pese a tener casi un tercio de todas las direcciones posibles de IPv4, está tirando del carro con mucha fuerza. El CIO Federal durante los años 2009-2011, Vivek Kundra, envió en septiembre de 2010 un memorándum a los CIOs de las Administraciones y Agencias gubernamentales para que hiciesen visibles sobre IPv6 todas sus aplicaciones y webs públicas antes de finales de 2012. Y parece que aunque sea sobre la campana, se va a cumplir.

El cuarto y último motivo es que países como Francia o Rumanía (líder mundial en adopción de IPv6 con más de un 8%) tienen la gran suerte de contar con proveedores de acceso a Internet que ya están migrando de forma masiva los dispositivos de sus clientes residenciales. Otros, bien por temor a lo desconocido, falta de iniciativa, escasas ganas de innovar, escasez de medios o cualquier mezcla de ellas, prefieren hacer carrier-grade NAT (lo mismo que el NAT que se hace en las redes empresariales pero a nivel de operadora) mediante grandes inversiones en electrónica, retrasando la adopción en los países de su ámbito de influencia.


Empieza a haber diferencias entre países

En el lado contrario de los países activos en la adopción de IPv6 están los países que van en el furgón de cola. Países como Italia o España (¿tal vez la baja inversión en I+D+i también determina estas cosas?), ambos por debajo del 0.05%, destacan a la baja frente a Francia (>4,5%), Estados Unidos (>1,5%), China (>1,0%) o Japón (>2,0%). Es decir, Italia y España están 30 veces peor que Estados Unidos y 40 veces peor que Japón en adopción de IPv6. O visto de otro modo, hay países que ya están migrando mientras otros siguen en la inopia.

En algún momento del futuro cercano se producirá un punto de inflexión por el que el tráfico IPv6 comenzará a crecer de forma vertiginosa (viendo las gráficas parece que estamos ya en el inicio). Y es razonable pensar que las empresas y países que no estén preparadas tendrán problemas de visibilidad de sus sitios web en aquellos otros países que mayoritariamente ya hayan evolucionado sus redes porque, como muestran las gráficas de IPv6, los mecanismos de conversión de protocolos están decreciendo al mismo ritmo que crece el propio IPv6.

Si nuestras empresas y países tienen intereses comerciales en zonas emergentes o en las grandes potencias, no podemos dejar pasar este tren, salvo que no veamos a Internet como lo que es: un gran escaparate para mostrar y vender nuestro producto. A migrar toca.



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